“LA PREGUNTA”: “Mi me madre me decía: Si matas a pedradas los pajaritos blancos, dios de va a castigar; si pegas a tu amigo, el de carita de asno, Dios te va a castigar. Era el signo de Dios de dos palitos y sus diez teologales mandamientos cabían en mi mano como diez dedos más.

Hoy me dicen: si no amas la guerra, si no matas diariamente una paloma, Dios te castigará; si no pegas al negro, si no odias al rojo al comunista, Dios te castigará; si al pobre das ideas, en ves de darle un beso, si le hablas de justicia en ves de caridad Dios te castigará, Dios te castigará.

NO ES ESTE NUESTRO DIOS, ¿VERDAD MAMÁ? Juan Gonzalo Rose. (Tomado de: “Hablar de Dios: Desde el Sufrimiento del Inocente”; de Gustavo Gutiérrez:

Las recientes expresiones de Monseñor Cipriani y del Obispo de Cajamarca, con relación al Sacerdote y Sociólogo Marco Arana Zegarra y su posición sobre las actividades mineras y el medio ambiente, nos obliga a plantearnos la siguiente interrogante: ¿Se habrá modernizado la iglesia católica a la par con las nuevas tendencias propias del S XXI como son la globalización, el modernismo y la revolución de las comunicaciones y del conocimiento; O, se habrá estancado doctrinariamente en la época medieval en la que predominaba el oscurantismo clerical, la Santa Inquisición, la esclavización y la explotación servil del hombre, precisamente con la bendición y aval de dicha institución religiosa?

Sostener que un sacerdote, por su investidura, sólo debe ocuparse de los problemas estrictamente pastorales, lo que significa que sólo debe limitarse a reforzar la fe en Dios, en el Espíritu Santo, en la Iglesia y en el más allá; en la práctica constituye pedir que los sacerdotes den la espalda al pueblo y se pongan una venda en los ojos ante los verdaderos problemas que lo hace sufrir: Más aún, significa pedir que los propios sacerdotes se conviertan en una especie de robots, insensibles a los problemas terrenales.

¿Acaso Jesucristo NO se ocupó del mayor problema terrenal o social de la humanidad, como fue la esclavitud? Todos sabemos que la esclavitud fue la peor degradación para un ser humano porque a éste no se le consideraba como tal sino como un simple objeto de enriquecimiento tal como si se tratara de cabezas de ganado. La riqueza del esclavista era medida en función al número de esclavos que poseía. A este orden de cosas se enfrentó Jesucristo y por ello fue perseguido como un subversivo que quería desestabilizar al orden social, es decir, al régimen esclavista. ¿Y, posteriormente, en la época medieval, cuando la iglesia fue la principal institución que dominaba al mundo, aún perduran los rezagos de la esclavitud, ya que enormes masas de campesinos son convertidos en semovientes o semi-animales, por ser considerados simples instrumentos de trabajo al servicio de los señores terratenientes; mientras, que la iglesia se tapaba los ojos o, como afirman sus más sobresalientes representantes, se ocupaba sólo de los aspectos pastorales y celestiales, ante tal degradación social?

Se supone que los que se auto-califican de CRISTIANOS es porque son fieles a Cristo y sobre todo a su enorme labor social que él realizó a favor de la liberación del hombre, más aún si se trata de sacerdotes, quienes tienen la responsabilidad de ser los más sobresalientes representantes de la iglesia católica y a través de ella alimentar la fe, pero también la moral, los valores, la justicia, etc.. Pero ¡OH sorpresa!, resulta que en la actualidad, en pleno siglo XXI, existen sacerdotes que dan la espalda a los problemas sociales como son: la pobreza, el desempleo, el hambre, la depredación de los recursos naturales y la contaminación ambiental, los cuales atentan contra la vida de las grandes mayorías. Al contrario, sostienen que un sacerdote no está permitido para opinar sobre los problemas sociales o terrenales y que sólo debe ocuparse de los problemas pastorales. ¡Claro! Seguramente porque las enormes masas de seres humanos que sufren las injusticias, el hambre, la miseria, la explotación, etc., de parte de los poderosos, son considerados como rebaños, es decir, tal como se concebía a los hombres en la edad media.

Cuando se habla de un problema social como, por ejemplo, de la contaminación y la destrucción de colchones acuíferos de las zonas alto andinas de Cajamarca o de cualquier otro lugar del país, no se está aludiendo a un problema sólo de carácter técnico o económico, como han dado entender los sacerdotes que están cuestionando la labor del Padre Arana; además, el problema de la contaminación y desaparición de las fuentes de agua es social, es político, económico y también es moral. ¿O será moral atentar contra la vida de las personas al destruir sus colchones acuíferos y contaminar sus aguas? ¿O será moral que las transnacionales mineras, en su afán de extraer el oro, atenten contra la vida de millones de seres humanos? ¿Será moral corromper conciencias y dejarse corromper para callarse y no decir nada frente a los impactos negativos de las actividades mineras?

Finalmente, queda claro la semejanza existente entre la religión y la política, en el sentido de las diversas tendencias o corrientes ideológicas que abrazan: Así, en política la derecha y sus diversas variantes ideológicas y doctrinarias, encarnan los intereses de los grupos sociales dominantes; el centro o la socialdemocracia, asume los intereses de los grupos medios y la izquierda y sus variantes, los intereses de los dominados o los marginados. Análogamente, en religión el Opus Dei, corriente que en nuestro país tiene una gran influencia en varios sectores, sobre todo en el Estado y en la educación, encarna los intereses más conservadores y reaccionarios; la iglesia medianamente progresista que equivale a la socialdemocracia, asume los intereses de las clases medias y la teología de la liberación, intenta encarnar los intereses de los marginados. Es decir, esta última corriente “pisa tierra” y acepta la lucha de los pueblos frente a sus diversos problemas sociales. Es esta corriente cristiana que sostiene que en cada ser humano que sufre hambre, miseria, explotación, desempleo, abuso, injusticia está presente Jesucristo.

Concluyo este artículo con los versos proféticos de JOB, tomado del libro “Hablar de Dios: Desde el Sufrimiento del Inocente”, de Gustavo Gutiérrez:

“Cuando lo recuerdo, me horrorizo

y me atenaza las carnes el pavor

¿Porqué siguen vivos los malvados

y al envejecer se hacen más ricos?

Su prole está segura en su compañía

Y ven crecer a sus retoños;

sus casas en paz y sin temor,

la vara de Dios no los Azota”.

Los malvados mueven los linderos,

roban rebaños y los apacientan;

se llevan el asno del huérfano

y toman en prenda el buey de la viuda,

echan del camino a los pobres

y los miserables tiene que esconderse… (Job: 21, 6-9)

Sociólogo Avelino Zamora Lingán

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